El rompe rutinas que encontró la felicidad: Tabaré Alonso

Las vidas que inspiran para bien no tienen nacionalidad. Y como en Panamá quien llega a amar este país y agradece su hospitalidad es casi panameño, hoy conoceremos un poco más de Tabaré Alonso Díaz, un aventurero que retó la distancia, poniéndose como meta recorrer América con su bicicleta, que irónicamente se llama así, América.

Tabaré es uruguayo, pero desde hace varios meses, es del mundo. Pero no del mundo banal sino de aquel que nos puede llenar de una felicidad sana, espiritual. Nuestro planeta tiene tantas cosas maravillosas, naturaleza, gente, experiencias, cada una con una enseñanza. Eso lo ha aprendido en sus más de 550 días de viaje por lugares en condiciones inimaginables.

“No me hago expectativas, dejo que cada país me sorprenda (…), cuando pensé en Panamá como mi principal destino lo hice pensando en lo difícil de cruzar, debía pasar el tapón de Darién. Decía que si llegaba a Panamá llegaba a cualquier lugar”, explica luego de relatarnos que al llegar se encontró con un grupo de personas, principalmente niños. Desde ese instante probó el potencial cálido de nuestros ciudadanos como anfitriones.

Como él aprende de la reacción de la gente, quedó muy impresionado de la educación y las creencias de nuestra niñez: “En una parada de buses había 10 niños aproximadamente, y al saludarlos todos en coro me dieron los buenos días. Yo me sonreí. A la tarde por ahí sentado pasa otro niño y me dice: Dios te bendiga, y yo decía ¡wao! Eso dice mucho de este país. Aparte otra señora me para y me da un regalo para que siempre recordara Panamá. Sin duda, es una embajadora de esta tierra”.

Para quienes no han leído su biografía en www.tabarealonso.com, podemos decirles que era un joven lleno de rutinas, que incluso llegó a tener sobrepeso. No sabía ni ponerle parche a la llanta de una bici, según nos contó. Un hombre que cuando despertó se fue volviendo amante de los deportes, a tal punto, que un día dijo basta de hábitos y se hizo de una nueva forma de vivir a los 29 años. Estudió informática en la universidad, fue un hombre apegado a su familia y que tuvo relaciones sentimentales, pero nada de eso lo hizo completamente feliz hasta que desarrolló completamente su pasión por el cicloturismo hace más de un año.

La soledad es su mejor compañera por momentos, aunque dice que no se siente solo. Ha estado en riesgo de muerte por el frío extremo, infecciones y alergias severas o por la violencia de alguna localidad, sin embargo, en medio de estas calamidades conoció a Dios. “Yo era ateo, pero en mi camino sentí que me cuidaban, y cuando tenía dificultades siempre alguien me daba la mano. Justo en la cara de esas personas, en su gesto de amor hacia un desconocido como yo, lo vi a él”, confesó.

Vivir rodando en la intemperie desde marzo de 2016 le ha dejado en situaciones que rayan en lo sobrenatural, pero que lo han fortalecido como ser humano, solventado sus necesidades físicas, mentales y espirituales. “Yo tuve que desaprender para adaptarme, relajarme, eliminar el ego. Volver a nacer. Cuanto menos tienes más fácil te adaptas. Tú crees que la felicidad es dejar todo y estar horas montado en una bicicleta, pues no, no lo es en sí mismo. Los momentos, o las experiencias que vienen con esa decisión, son las que te hacen feliz.  Lo que te da felicidad es sentirte a gusto con lo que haces o tienes, aunque sea estar frente a un computador trabajando por horas, siempre y cuando realmente te llene. Cada quien decide como ser feliz”.

Muchos jóvenes alrededor del mundo hoy ven la vida a través de un dispositivo, por lo que los exhortó a despertar, pues la vida en sí es extraordinaria. “El conocimiento es bueno, pero somos robots, dejamos que lo que nos diga la internet nos impida vivir el mundo real. Nos dice que la calle es insegura, que va a llover, y tantas cosas que limitan nuestras decisiones. El futuro está en las manos de quienes no permitan que la tecnología los absorba”, recalcó.

Aunque Tabaré está consciente de que su meta es larga y difícil no pierde la fe de continuar su travesía hacia Alaska con éxito, seguir con sus charlas motivacionales, la elaboración de su libro y emprender otros proyectos que han nacido al son del pedaleo, uno de ellos, que dejaría una huella ambiental en el continente, y del cual nos enteraremos cuando lo ponga en marcha.

Seguramente, cuando lean esto, él estará rumbo a su próximo destino. “Es solo un viaje de ida”, advirtió. No obstante, aquí siempre lo recordaremos por su gran valentía y optimismo frente a los escollos de la vida.

Fotos: Cortesía de Carmen Wald, Fotógrafa @cwald12
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